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Black Friday y Navidad 2026: el calendario que manda
Si vas a preparar el TPV para Black Friday y Navidad, la primera decisión no es qué descuento pones: es cuándo empiezas. En 2026 el Black Friday cae el viernes 27 de noviembre y el Cyber Monday, el lunes 30. A partir de ahí la campaña no se corta: enlaza con el puente de diciembre, las compras de regalos, Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Reyes. Para un comercio o un bar, hablamos de casi seis semanas seguidas de actividad por encima de lo normal, y luego un enero lleno de cambios y devoluciones.
Eso significa que el trabajo de configuración hay que hacerlo ahora, a principios de noviembre. Cuatro semanas antes es el punto justo: da tiempo a mirar los datos del año pasado, negociar con proveedores, recibir la mercancía, montar el catálogo y ensayar con el equipo, sin que nada de eso te pille encima de la fecha. Si lo dejas para la semana del 23, vas a estar dando de alta productos con la tienda llena.
Por qué el TPV es el centro de la campaña
En campaña todo pasa por el punto de venta: es donde compruebas si queda stock, donde aplicas la promoción, donde cobras, donde se genera el ticket que luego el cliente traerá en enero y donde queda registrado el margen real de cada venta. Un TPV mal preparado no se nota en octubre; se nota el 27 de noviembre a las siete de la tarde, con cola en la puerta y un artículo que no está dado de alta.
Hay además un contexto que conviene no perder de vista: el comercio minorista viene de un 2025 con las ventas al alza. Según el Índice de Comercio al por Menor del INE publicado el 29 de enero de 2026, las ventas minoristas crecieron un 4,3 % en el conjunto de 2025 en la serie corregida de efectos estacionales y de calendario, y la tasa anual de diciembre fue del 4,7 % en la serie original. No es una promesa de que a ti te vaya a pasar lo mismo, pero sí indica que el suelo de la campaña es sólido y que llegar sin preparar deja dinero encima de la mesa.
Checklist para preparar el TPV para Black Friday y Navidad
Respuesta corta: reparte el trabajo en cuatro semanas previas (T-4 a T-1), una fase de campaña viva (T-0) y un post-campaña en enero. Cada bloque tiene una tarea principal y ninguna depende de improvisar el último día. Esta es la tabla que puedes imprimir y colgar en la trastienda.
| Semana | Fechas | Foco | Qué haces en el TPV |
|---|---|---|---|
| T-4 | 2 - 8 nov. | Datos y previsión | Exportas las ventas del mismo periodo del año pasado, ordenas por unidades y por margen, marcas los artículos que de verdad tiraron y calculas cuánto vas a necesitar de cada uno. Pides presupuesto a proveedores. |
| T-3 | 9 - 15 nov. | Catálogo y stock | Das de alta lo nuevo con su código de barras, precio y coste. Archivas referencias muertas. Recibes la mercancía escaneando y dejas el inventario cuadrado. |
| T-2 | 16 - 22 nov. | Precios y promociones | Configuras descuentos, packs y lotes calculando el margen que queda. Anotas el precio anterior de los 30 días previos. Activas tarjetas regalo y vales. |
| T-1 | 23 - 26 nov. | Equipo y ensayo | Formas al refuerzo con ventas de prueba reales, ensayas el cobro con el datáfono de respaldo, pruebas el modo sin conexión y dejas rollos, cambio y bolsas preparados. |
| T-0 | 27 nov. - 5 ene. | Campaña viva | Repones a diario según lo que vas vendiendo, vigilas las colas, abres un segundo punto de cobro cuando hace falta y cierras caja todos los días sin excepción. |
| Post | 7 - 31 ene. | Devoluciones y balance | Gestionas cambios buscando el ticket original, emites vale o factura rectificativa según el caso y comparas lo previsto con lo vendido para preparar el año que viene. |
La regla que más disgustos evita es sencilla: a partir del 25 de noviembre no se toca nada nuevo. Ni se da de alta un producto a última hora, ni se cambia la configuración de una promoción, ni se instala una actualización. Lo que no esté montado y probado para entonces, no entra en campaña. Es preferible vender un artículo menos que arriesgarte a que una configuración a medias te bloquee la caja en el día de más volumen del año.
Fíjate también en que el post-campaña de enero está en el plan desde el principio. Las devoluciones y los cambios no son un imprevisto: son una fase más, tan previsible como la propia venta, y planificarla en noviembre es lo que hace que en enero no se convierta en un caos.
Previsión de demanda: empieza por los datos del año pasado
Respuesta corta: exporta las ventas del mismo periodo del año anterior desglosadas por producto, ordénalas por unidades y por margen, y usa esa lista para decidir qué repones y en qué cantidad. Es el único punto de partida que no es una corazonada.
La mayoría de los negocios pequeños hacen la previsión de memoria: «el año pasado se vendió mucho de esto». El problema es que la memoria guarda lo llamativo, no lo importante. Un TPV que registra cada línea de venta te da la foto real: cuántas unidades salieron de cada referencia entre el 27 de noviembre y el 5 de enero, a qué precio medio, con qué margen y en qué días concretos. Con esa lista delante, la conversación con el proveedor cambia por completo.
Cómo leer los datos sin engañarte
Hay tres trampas habituales. La primera es ordenar solo por unidades vendidas: el artículo del que más piezas salen no siempre es el que más dinero deja. Ordena también por margen total (margen unitario por unidades) y verás que la lista cambia bastante. La segunda es olvidar las roturas de stock: si un producto se agotó el 15 de diciembre, sus ventas del año pasado no miden su demanda, miden tu inventario. Ese artículo pide más unidades de las que los números sugieren. La tercera es tratar la campaña como un bloque uniforme: el pico de Black Friday y el pico de la semana del 20 de diciembre no compran lo mismo.
Con esa lista depurada, calcula lo que necesitas y añade un colchón para los artículos que no puedes reponer rápido. Aquí manda el plazo de entrega: si tu proveedor tarda diez días, la última fecha útil para pedir no es el 20 de diciembre, es el 10. Anótalo por proveedor antes de que empiece el lío. Si quieres que el sistema haga parte de este trabajo por ti y te avise cuando una referencia baja del mínimo, te lo contamos en la guía de control de stock automatizado.
Catálogo limpio y alta rápida de producto
Respuesta corta: antes de la campaña, todo lo que vayas a vender debe estar dado de alta con su código de barras, su precio de venta y su coste. Lo que ya no vendes, archivado. Un catálogo sucio hace lenta cada venta.
El coste de un catálogo desordenado se paga en segundos por cliente, y en campaña esos segundos se multiplican por cientos de tickets. Si un artículo no tiene código de barras, el cajero lo busca por nombre; si hay tres referencias parecidas de años distintos, duda; si el precio está desactualizado, lo corrige a mano y se lo come el margen. Nada de eso es dramático en una tarde tranquila. El 27 de noviembre, sí.
Tres tareas concretas de la semana T-3
- Alta con código de barras. Cada referencia nueva, con su código escaneado, su precio y su coste de compra. El coste no es un capricho: sin él, el TPV no puede decirte el margen de la venta ni avisarte cuando un descuento te deja en pérdidas.
- Limpieza de referencias muertas. Archiva lo que no vas a vender esta campaña. No hace falta borrar el histórico (lo necesitas para comparar), basta con que deje de aparecer al buscar.
- Recepción escaneando, no a mano. Cuando llegue el pedido, dalo de entrada con el lector, contrastando lo que pediste con lo que ha llegado. Es el momento de detectar que faltan seis unidades, no el día que un cliente las busca.
Y remata con un recuento de inventario antes del arranque. No hace falta contar toda la tienda: cuenta bien los artículos que van a ser protagonistas. Empezar la campaña con el stock cuadrado en las referencias clave evita el peor escenario, que es vender algo que no tienes y tener que decírselo al cliente después de cobrarle.
Descuentos, packs y promociones sin romper el margen
Respuesta corta: antes de fijar un porcentaje, calcula cuántas unidades más tienes que vender para ganar lo mismo. Un descuento del 30 % sobre un margen del 60 % te obliga a duplicar las ventas solo para empatar.
Es la cuenta que casi nadie hace y la que más dinero decide. Míralo con un ejemplo sencillo. Compras un artículo por 10 € y lo vendes por 25 €: tu margen bruto es de 15 € por unidad. Si aplicas un 30 % de descuento, el precio de venta pasa a 17,50 € y el margen cae a 7,50 €. Es decir, el margen se ha reducido a la mitad: para ingresar lo mismo que antes necesitas vender el doble de unidades. Si el descuento fuera del 50 %, venderías a 12,50 € con un margen de 2,50 €, y necesitarías vender seis veces más.
Eso no significa que descontar esté mal. Significa que el descuento tiene que ser una decisión, no un reflejo. Hay motivos perfectamente buenos para vender con menos margen: liquidar stock que se te queda muerto en enero, atraer a un cliente que luego compra otras cosas, o defender una referencia frente a la competencia. Lo que no tiene sentido es descontar a ciegas el producto que ya se vendía solo.
Alternativas que protegen el margen
Antes de bajar el precio de todo, prueba fórmulas que suben el valor del ticket en lugar de recortarlo:
- Packs y lotes. Agrupa dos o tres productos con un precio conjunto atractivo. El descuento porcentual sobre el conjunto es menor de lo que parece y te llevas varias unidades por ticket. Dales su propio código para que se cobren de un escaneo.
- Descuento por importe, no por artículo. Del tipo «5 € de descuento a partir de 40 € de compra». Empuja hacia arriba el ticket en vez de premiar la compra pequeña.
- Segunda unidad rebajada. Funciona bien en productos de repetición y te permite mantener el precio de referencia del primero.
- Descuento limitado a una selección. Elige las referencias con más recorrido de margen y deja fuera las que ya trabajas ajustado.
Todo esto conviene dejarlo configurado en el TPV en la semana T-2, con su fecha de inicio y fin, para que se aplique solo al pasar el producto y nadie tenga que acordarse ni teclear nada. Una promoción que depende de que el cajero la recuerde es una promoción que se aplicará mal en el momento de más presión.
El precio anterior: la regla legal que más disgustos da
Respuesta corta: cuando anuncias un artículo con descuento, tienes que mostrar el precio anterior junto al rebajado, y ese precio anterior es el más bajo que hayas aplicado a ese mismo producto en los 30 días previos. Subir el precio en noviembre para «descontarlo» el 27 no cuela.
Lo dice el artículo 20.1 de la Ley 7/1996 de Ordenación del Comercio Minorista, en su redacción vigente tras la trasposición de la directiva europea conocida como Omnibus: siempre que se oferten artículos con reducción de precio deberá figurar con claridad, en cada uno de ellos, el precio anterior junto con el precio reducido, entendiendo por precio anterior «el menor que hubiese sido aplicado sobre productos idénticos en los treinta días precedentes».
La norma contempla dos excepciones. La primera, los productos que se ponen a la venta por primera vez: no tienen precio anterior que mostrar. La segunda, los precios aplicados con la finalidad de reducir el desperdicio alimentario sobre productos cuya fecha de caducidad o de consumo preferente esté próxima a vencer, que no se tienen en cuenta a efectos de calcular ese precio anterior.
Qué implica esto para tu TPV
La consecuencia práctica es que necesitas saber qué precio tuvo cada artículo durante el mes anterior. Si cambias precios a mano en una hoja o directamente en la etiqueta, esa información se pierde y quedas expuesto ante cualquier reclamación o inspección. Si el precio vive en el TPV y queda registrado cada vez que lo modificas, tienes el histórico sin esfuerzo.
Tres reglas simples para no meterte en un lío: no toques los precios al alza durante noviembre pensando en el descuento posterior; si haces una promoción corta a mediados de mes, recuerda que ese precio bajo pasa a ser tu referencia durante los 30 días siguientes; y cuando anuncies un porcentaje, asegúrate de que se corresponde de verdad con la diferencia entre el precio anterior así calculado y el que vas a cobrar. Los carteles con porcentajes que no cuadran con el ticket son la fuente número uno de reclamaciones en campaña.
Tarjetas regalo y vales: cobras hoy, sirves en enero
Respuesta corta: las tarjetas regalo te adelantan la caja en el mejor momento del año y traen al cliente de vuelta en enero, cuando la tienda está vacía. Configúralas en noviembre y controla su saldo desde el TPV, no en una libreta.
Para un comercio pequeño, la tarjeta regalo resuelve dos problemas a la vez. Uno, el cliente indeciso que no sabe qué comprar y que, sin ella, se va sin gastar. Dos, la estacionalidad: cobras en diciembre y entregas producto en enero o febrero, que es justo cuando más falta hace que entre gente por la puerta. Además, es habitual que el cliente que canjea un vale acabe gastando por encima de su importe.
Lo importante es que el saldo esté controlado por el sistema. Cada tarjeta o vale debe tener su identificador, su importe, su fecha de emisión y su saldo pendiente, y el TPV debe descontarlo automáticamente al canjearlo. Llevarlo en papel funciona hasta que alguien pierde la hoja, se canjea dos veces el mismo vale o discutes con un cliente sobre cuánto le quedaba.
Una nota fiscal que conviene conocer
A efectos de IVA, no todos los bonos tributan igual. La Resolución de la Dirección General de Tributos de 28 de diciembre de 2018 distingue entre bonos univalentes, aquellos en los que en el momento de emitirlos ya se conoce el lugar de la operación y la cuota de IVA que corresponde, y bonos polivalentes, que son el resto. En los univalentes el impuesto se devenga al transmitir el bono; en los polivalentes, cuando efectivamente se entrega el bien o se presta el servicio.
Traducido a la práctica: si en tu negocio todo lo que vendes tributa al mismo tipo, tu tarjeta regalo será normalmente univalente. Si vendes productos a tipos distintos y el cliente puede canjearla en cualquiera de ellos, estarás ante un bono polivalente. No es una decisión que tomes tú a conveniencia, sino que depende de cómo sea el bono, así que coméntalo con tu asesor antes de lanzarlas y deja el criterio fijado en el TPV desde el primer día.
Medios de pago y plan de contingencia: qué haces si algo falla
Respuesta corta: ten más de una forma de cobrar y ensáyalas antes del 26 de noviembre. Un datáfono de respaldo, Bizum, efectivo con cambio suficiente y un TPV que siga funcionando sin internet cubren casi todas las averías posibles.
En campaña, quedarte sin poder cobrar durante veinte minutos no es una molestia: es una cola que se disuelve y unas ventas que no vuelven. Y las averías de campaña son siempre las mismas cuatro, así que se pueden preparar una por una.
Que se caiga internet no puede pararte la caja
Respuesta corta: con un TPV que trabaje en modo sin conexión, sigues cobrando aunque se corte la línea. Las ventas se guardan cifradas en el propio terminal y se sincronizan en cuanto vuelve la conexión.
Este es el punto que más gente descubre tarde. Los sistemas que dependen al cien por cien de la nube se quedan mudos cuando falla el router o la fibra del polígono. La alternativa razonable es un TPV que detecte la caída, entre en modo sin conexión y te deje seguir haciendo tickets con normalidad, encolando las operaciones para enviarlas después. El cliente no nota nada.
Hay tres cosas que conviene comprobar antes de fiarte del modo sin conexión. Primera, que las ventas realizadas offline se guarden cifradas en el dispositivo y no en un archivo cualquiera. Segunda, que al recuperar la línea la cola se sincronice sola y sin duplicar tickets. Y tercera, y la más importante: que tú compruebes al cierre que la cola quedó vacía. Una venta que se queda sin sincronizar es una venta que no aparece en tu contabilidad ni en tus registros, y eso sí es un problema.
Sobre el resto de medios de pago, la regla es la redundancia. Un segundo datáfono, a ser posible de otro banco, cuesta poco y te salva el día si el primero deja de responder o si cae la pasarela de una entidad concreta. Bizum cubre el hueco cuando lo que falla es el terminal físico. Y el efectivo necesita algo que se olvida siempre: cambio suficiente preparado desde el día anterior, porque en campaña se agota mucho antes de lo que crees. Repasamos las opciones y sus comisiones en la guía de métodos de pago en el TPV.
Refuerzo y formación exprés del equipo
Respuesta corta: dedica la semana T-1 a que el personal de refuerzo haga ventas de prueba reales en el TPV. Media hora de práctica ahorra horas de cola y errores de cobro durante seis semanas.
Contratar refuerzo y ponerlo a cobrar sin ensayo previo es la forma más cara de ahorrar tiempo. No hace falta un curso: hace falta que cada persona haya hecho, con sus manos y antes de que llegue el primer cliente, las operaciones que va a repetir mil veces. Un guion de veinte minutos cubre casi todo.
- Una venta normal escaneando varios artículos y cobrando con tarjeta.
- Una venta con promoción aplicada, para que vean cómo se refleja en pantalla y en el ticket.
- Un cobro dividido entre dos medios de pago (parte en efectivo, parte en tarjeta).
- Una venta de tarjeta regalo y un canje de vale.
- Una devolución y un cambio buscando el ticket original.
- Una venta con el modo sin conexión activado a propósito.
Dos detalles que marcan la diferencia. El primero: cada persona con su propio usuario, nunca uno compartido. Cuando cada venta, cada descuento manual y cada devolución quedan asociados a quien los hizo, resolver una descuadre al cierre deja de ser una investigación. El segundo: permisos ajustados al puesto. Que el personal de refuerzo pueda vender y cobrar no significa que deba poder anular tickets, cambiar precios o cerrar caja. Deja esas acciones para quien tenga responsabilidad sobre ellas y te ahorras la mitad de los problemas.
Por último, escribe una chuleta de una página con lo que nunca se recuerda: cómo se hace un cambio, qué se hace si el datáfono no responde, dónde están los rollos de repuesto y a quién se llama. Pégala junto a la caja. En diciembre, nadie tiene tiempo de preguntar.
Menos colas y más ticket medio
Respuesta corta: la cola y el ticket medio se atacan con lo mismo: velocidad de cobro y una decisión sencilla en el mostrador. Cada segundo que ahorras en escanear es un segundo que puedes dedicar a vender.
En campaña, la cola no solo molesta: elimina ventas. El cliente que ve seis personas esperando deja el artículo y se va. Por eso, antes de pensar en subir el ticket medio, conviene mirar dónde se atasca el cobro. Casi siempre son las mismas cosas: artículos que se buscan por nombre en vez de escanearse, promociones que hay que aplicar a mano, un único punto de cobro para toda la tienda, o el mismo mostrador atendiendo ventas nuevas y devoluciones al mismo tiempo.
Las soluciones son igual de concretas. Todo con código de barras. Promociones automáticas. Un segundo terminal abierto en las horas punta, aunque sea una tableta. Y un puesto aparte para cambios y devoluciones en enero, que son operaciones lentas y bloquean la caja principal.
Subir el ticket sin agobiar al cliente
Con el cobro fluido, ya puedes trabajar el importe. Lo que mejor funciona en un mostrador es lo menos invasivo: un producto complementario colocado a la vista y a un precio de impulso, el pack que ya tienes montado ofrecido como alternativa («por seis euros más te llevas los dos»), y la tarjeta regalo mencionada al cliente que duda. Nada de esto es presionar; es poner una opción delante en el momento en que el cliente ya ha decidido comprar.
Mide el resultado. Si el TPV te da el importe medio por ticket antes, durante y después de la campaña, sabrás si estas acciones funcionan o si solo estás vendiendo más unidades del mismo producto. Cómo se calcula y qué palancas mueven de verdad esa cifra lo desarrollamos en la guía sobre el ticket medio.
Devoluciones y cambios en enero: prepáralo en noviembre
Respuesta corta: en una tienda física no existe un derecho legal de devolución por cambio de opinión; el plazo de 14 días naturales es propio de las compras a distancia o fuera del establecimiento. Ahora bien, la política que tú anuncies sí te obliga, así que defínela y comunícala antes de que empiece la campaña.
Conviene tener clara la diferencia, porque se confunde constantemente. El derecho de desistimiento permite devolver sin dar explicaciones en un plazo de 14 días naturales, y se aplica a las compras a distancia (online, teléfono, catálogo) o celebradas fuera del establecimiento comercial, tal como recoge el Centro Europeo del Consumidor, dependiente del Ministerio de Consumo. Si el cliente compró en tu tienda y lo que quiere es devolver porque el jersey no le gusta, no está ejerciendo ese derecho: está pidiéndote un favor comercial.
Cosa distinta es un producto defectuoso o que no se ajusta a lo contratado: ahí sí hay responsabilidad del vendedor por falta de conformidad, y no depende de tu política de devoluciones.
Si lo anuncias, te obliga
La mayoría de los comercios ofrece cambios voluntariamente, y en Navidad conviene hacerlo: el que compra un regalo necesita saber que si no acierta la talla habrá solución. Pero cuidado con cómo lo comunicas, porque el contenido de la oferta, la promoción y la publicidad es exigible por el consumidor aunque no figure expresamente en el contrato (artículo 61 del texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios). Si pones un cartel que dice «cambios hasta el 15 de enero», eso es lo que vas a tener que cumplir, con las condiciones que hayas indicado y no otras.
Por eso la política se decide en noviembre, no en enero sobre la marcha. Define el plazo (ampliarlo hasta mediados de enero para las compras de diciembre es lo habitual), si devuelves dinero o entregas vale, en qué estado debe venir el producto y qué exclusiones hay. Ponlo por escrito, imprímelo en el ticket y déjalo visible en el mostrador. Y asegúrate de que todo el equipo lo conoce, incluido el refuerzo, para que no haya dos criterios distintos según quién atienda.
En el TPV, el detalle operativo que lo cambia todo es poder localizar la venta original desde el ticket. Con la venta a la vista, la devolución sale con su importe correcto, su IVA correcto y su documento correspondiente, y el stock vuelve a entrar solo. Sin ella, todo se hace a ojo. Cómo dejarlo montado paso a paso lo vemos en la guía de devoluciones y cambios en el TPV.
Cierre de caja diario: la disciplina que no puedes saltarte
Respuesta corta: cierra caja todos los días de campaña, aunque sea tarde y estés cansado. Cuadrar tres días juntos es imposible: no vas a saber en cuál se produjo el descuadre.
El cierre diario es lo primero que se cae cuando hay volumen, y es justo entonces cuando más valor tiene. El motivo es matemático: si cierras cada día y aparece una diferencia de veinte euros, tienes un día de operaciones que revisar y lo normal es que encuentres el error en diez minutos. Si acumulas una semana, tienes cientos de tickets y el descuadre pasa a ser una cifra que se asume y se olvida. Multiplicado por seis semanas de campaña, eso es dinero real.
Un cierre útil en campaña incluye el arqueo del efectivo contado contra lo que dice el sistema, el desglose por medio de pago (efectivo, tarjeta, Bizum, vales canjeados) para contrastar con la liquidación del datáfono, las anulaciones y devoluciones del día con su motivo, y la comprobación de que no queda ninguna venta pendiente de sincronizar si has trabajado sin conexión. Los conceptos de informe X e informe Z y cómo se encadenan los tienes explicados en la guía de cierre de caja Z y X.
Y una cosa más para esta campaña concreta
La de 2026 es, para muchos negocios, la última campaña antes de que la facturación verificable sea obligatoria. Tras la prórroga aprobada por el Real Decreto-ley 15/2025, y según la nota informativa de la Agencia Tributaria, los contribuyentes del Impuesto sobre Sociedades deben tener sus sistemas informáticos de facturación adaptados antes del 1 de enero de 2027, y el resto de obligados, antes del 1 de julio de 2027.
Dicho de otro modo: si eres sociedad, la campaña de Navidad que empieza ahora termina literalmente el día antes de que te aplique la obligación. Aprovecharla para trabajar ya con un sistema que registre las ventas conforme al reglamento es la forma barata de llegar a enero de 2027 sin sobresaltos, en vez de cambiar de herramienta en plena cuesta de enero.
Llega al 27 de noviembre con los deberes hechos
Recapitulando: preparar el TPV para Black Friday y Navidad es repartir en cuatro semanas lo que no se puede improvisar. En T-4 miras los datos del año pasado y decides qué reponer; en T-3 dejas el catálogo limpio y el stock cuadrado; en T-2 configuras descuentos, packs y tarjetas regalo calculando el margen que te queda y respetando la regla del precio anterior de los 30 días; en T-1 ensayas con el equipo el cobro, el datáfono de respaldo y el modo sin conexión. Durante la campaña, repones a diario, vigilas la cola y cierras caja todos los días. Y en enero gestionas los cambios con la política que anunciaste en noviembre y comparas lo previsto con lo vendido para hacerlo mejor el año que viene.
Ninguna de estas tareas es difícil por separado. Lo que las vuelve difíciles es hacerlas todas a la vez el día 26. Empieza esta semana por la primera y ve tachando.
Llega a la campaña con el TPV preparado
Con FactuTPV montas el catálogo con códigos de barras, dejas las promociones y los packs configurados antes del 27 de noviembre, cobras con tarjeta, Bizum o efectivo y sigues vendiendo aunque se caiga internet, porque el terminal guarda la venta y la sincroniza al recuperar la línea. Al terminar el día cierras caja en un par de toques y sabes qué se vendió, con qué margen y por qué medio de pago cobraste. Y con VeriFactu incluido, cada venta queda registrada como manda el reglamento sin que tengas que acordarte.
- Descuentos, packs y tarjetas regalo configurados de antemano, con el margen de cada venta a la vista.
- Modo sin conexión, varios terminales y cierre de caja diario con arqueo por medio de pago.
- 14 días de prueba gratis sin tarjeta y planes desde 12,99 €/mes (anual, +IVA), sin permanencia ni comisiones por venta.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo es Black Friday 2026 y hasta cuándo dura la campaña?
El Black Friday de 2026 cae el viernes 27 de noviembre y el Cyber Monday, el lunes 30 de noviembre. Para un comercio o un negocio de hostelería, la campaña no termina ahí: enlaza con el puente de diciembre, las compras de regalos, las fiestas de Nochebuena y Nochevieja y los Reyes del 6 de enero. En la práctica son unas seis semanas seguidas de actividad alta, seguidas de un mes de enero con volumen de cambios y devoluciones. Por eso conviene empezar a preparar el punto de venta unas cuatro semanas antes, a principios de noviembre.
¿Con cuánta antelación hay que preparar el TPV para la campaña?
Cuatro semanas es el margen razonable. Da tiempo a exportar y analizar las ventas del año anterior, negociar y recibir el pedido a proveedores, dar de alta el catálogo nuevo con sus códigos de barras, configurar las promociones y ensayar con el equipo. Una buena regla es que a partir del 25 de noviembre no se toque nada nuevo: ni altas de última hora, ni cambios de configuración, ni actualizaciones. Lo que no esté montado y probado para esa fecha, mejor que no entre en campaña.
¿Puedo subir el precio antes de Black Friday para luego descontarlo?
No. El artículo 20.1 de la Ley 7/1996 de Ordenación del Comercio Minorista obliga a mostrar el precio anterior junto al precio reducido, y define el precio anterior como el menor que se hubiese aplicado sobre productos idénticos en los treinta días precedentes. Es decir, aunque subas la etiqueta a mediados de noviembre, la referencia legal seguirá siendo el precio más bajo de ese último mes. Se exceptúan los productos que se ponen a la venta por primera vez y los precios aplicados para reducir el desperdicio alimentario en productos con fecha de caducidad o consumo preferente próxima a vencer.
¿Qué pasa si se cae internet en pleno Black Friday?
Depende de tu sistema. Un TPV con modo sin conexión detecta la caída y te deja seguir cobrando con normalidad: las ventas se guardan cifradas en el propio terminal y se sincronizan solas en cuanto vuelve la línea. Los sistemas que dependen por completo de la nube, en cambio, se quedan bloqueados. Sea cual sea el tuyo, prueba el escenario antes de la campaña y, sobre todo, comprueba en el cierre de cada día que no queda ninguna venta pendiente de sincronizar. Conviene además tener un datáfono de respaldo de otro banco, Bizum activo y cambio suficiente en efectivo.
¿Estoy obligado a aceptar devoluciones de los regalos de Navidad?
Si la compra se hizo en tu tienda física y el producto está en buen estado, no existe un derecho legal de devolución por cambio de opinión: el plazo de 14 días naturales para desistir corresponde a las compras a distancia o celebradas fuera del establecimiento comercial. Cosa distinta es un producto defectuoso o que no se ajusta a lo contratado, donde sí responde el vendedor. Ahora bien, si anuncias una política de cambios, esa promesa te obliga, porque el contenido de la publicidad y la promoción es exigible por el consumidor. Define el plazo y las condiciones en noviembre e imprímelas en el ticket.
¿Cuánto tengo que vender de más si hago un 30 % de descuento?
Depende de tu margen. Si compras un artículo a 10 euros y lo vendes a 25, tu margen es de 15 euros. Con un 30 % de descuento el precio baja a 17,50 euros y el margen cae a 7,50, la mitad: necesitas vender el doble de unidades para ganar lo mismo. Con un 50 % de descuento venderías a 12,50 con 2,50 de margen y harían falta seis veces más ventas. Haz este cálculo antes de fijar el porcentaje y valora alternativas que protegen el margen, como los packs, el descuento por importe mínimo de compra o la segunda unidad rebajada.
¿Merece la pena vender tarjetas regalo en un comercio pequeño?
Suele merecer la pena por dos motivos. Primero, rescata al cliente indeciso que no sabe qué regalar y que, sin esa opción, se marcha sin comprar. Segundo, adelanta el cobro a diciembre y trae a esa persona de vuelta en enero o febrero, que es cuando la tienda está más vacía. La condición es que el saldo lo controle el sistema y no una libreta: cada vale con su identificador, su importe y su saldo pendiente, descontado automáticamente al canjearlo. En cuanto al IVA, conviene revisar con tu asesor si tus bonos son univalentes o polivalentes, porque el momento del devengo es distinto.
Equipo FactuTPV
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